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Todos somos hermanos

Kepa Acero y Charles Darwin. Dos personajes históricos separados por 200 años de acontecimientos. La humanidad ha cambiado por completo desde el segundo al primero pero hay algo que une a los dos. Parecen hombres de mundos diferentes y no te engañaré, en realidad los son. Los dos son capaces de abstraerse para observar su grandioso alrededor y los dos han pisado el último paraíso en la tierra: las islas galápagos.

Charles Darwin fue enterrado con honores de Estado y sepultado en la Abadía de Westminster, junto a Isaac Newton. Kepa tiene el cielo ganado pero espero que no muera nunca. Si algún día ocurriese esa tragedia, subiría a conocer a Elvis, pero volvería para reencarnarse en un pelícano que surca sin parar las olas interminables de Chicama y seguir aumentando su leyenda.

A Darwin se le conoce por biólogo, aunque él en realidad era geólogo, como yo (perdón, no quería eclipsar con mi narcisismo esta epopeya de grandes hombres). Era diestro en las ciencias de la Tierra como la paleontología, buscaba fósiles que hablaban de criaturas de otros tiempos. En estas islas maravillosas, mientras recogía muestras de especies para sus colegas en Cambridge, se percató de que en cada isla encontraba casi las mismas especies pero en cada isla eran un poco diferentes. Después de dos viajes en el bergantín Beagle concluyó su ideas con la publicación en 1859 de el origen de las especies por medio de la selección natural.

Casi centenario y medio después de esta publicación, Kepa se sienta entre los animales que Darwin observó, con la misma abstracción. En cada uno de ellos se pueden ver los millones de años de evolución de la vida. Pero también al mirar nuestra mano podemos ver que somos parte de una rama de ese árbol. Tenemos los mismo huesos y músculos en la mano que el resto de vertebrados y la misma hemoglobina, la cual recoge el oxígeno del aire, que tiene una mosca. Todos los seres vivos encerrados en este planeta descendemos del mismo ancestro que nos hace a todos en última instancia hermanos.

¿Y qué tiene que ver esto con el surf? Pues todo. El sol alimenta la vida en la tierra y dota al mar de olas que son las que los delfines, pelícanos y el resto de fauna como tu y yo disfrutamos. Cuida este planeta y su vida porque es tu casa y tu familia.

Foto: pantxorama

Luigier Crest
Luigier Crest

Andalúh de pata Negra. Capitán sin barco. Amante del mar y de su vida. Rider en ChiriRider. Me encanta surfear en la playa, en el reef, en la nieve, en la calle, y en el internet. Con un ojo veo la vida venir y con el otro bicheo el Swell. Geek desde la médula. Me encanta el buen rollo y ayudo al que se ponga por delante.

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